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viernes, abril 21, 2006

Perpendicularmente a la línea de meada


Eran las 7:00 de la mañana, salgo de la furgo para echar la cañita de rigor cuando perpendicularmente a la línea de meada y alzando la mirada, a unos 45º N a partir de punto de erosión del chorro, se ve caer una serie de metro pasadillo muy limpio, muy hueco y muy azul, tanto que se me corta la meada y sin animo de joder a nadie me dirijo a despertar a todo cristo dando porrazos en los cristales de las furgos con una mano mientras sacudo las ultimas gotas con la otra, sin dejar de mirar el mar.

Desayunábamos algo para entretener con gusto a unos estómagos hambrientos y bocado tras bocado veíamos caer ola tras ola, cada cual mejor que la anterior. Con los primeros rayos calentando y una hora más tarde, con el punto optimo de marea, ni un resquicio de viento y sin nadie alrededor que no fuera uno de nosotros decidimos embutirnos en los neoprenos aún húmedos del día anterior, coger las tablas, parafinar en 2.2 segundos y encarar el pico por la derecha de este, un poquito andando y otro tanto remando; se remontaba muy a gusto, la verdad, y no se si éramos todos conscientes del espectáculo que nos estaba otorgando el mar a nuestra izquierda, lo que si sé es que esa mañana se respiraba un ambiente demasiado agradable... quizás la vida nos había encaminado perezosamente hasta esa mañanita soleada de Marzo para sacar nuestro mejor surfing.

Soy el primero en llegar al pico y sin que el mar me de un minuto de descanso se me levanta justo perpendicularmente a la línea de meada, esta vez 47º N, una ola que no era ni muchísimo menos para rechazar por la cara, la primera sección algo parecida a la ola tahitiana de Teahupoo o de Taapuna pero en versión beachbreak europeo y en versión mini, luego maniobrable hasta la orilla prácticamente, me doy la vuelta y remo no con mucha fuerza sabiendo que está muy levantaba pero intentando que se aguante y llevar velocidad suficiente, confío en que la ola me va a ayudar en ese punto tan crítico que todos sabemos... ¡levanta!... ¡¡levanta!!... y un take off vertical seguido de un bottom al más puro estilo Curren era el principio de la sesionaza, la nº1 del día acabó en la orilla después de un gran tubo seguido de todo un repertorio de maniobras old school sobre el largo brazo, giros largos, marcados, llevando la estela del ir cortando la ola, dibujando sonrisas. Nadie dijo nada, tal vez esperando su turno para poder darnos a los demás otra oportunidad para decir algo... estas oportunidades llegaron seguidas una tras otra en forma de olas perfectas. Todos seguíamos con la boca cerrada, abrumados. Nos bastaba con disfrutar viéndonos entre nosotros bajo el palio de nuestras sonrisas, de nuestras miradas. Tal vez pude apreciar expresiones mucho más humanas en sus caras que hasta el momento no había percibido y los bauticé mentalmente, en este océano de hoy, como grandes personas, grandes surfers.

El agua estaba tan fría y cristalina que el labio de la ola cortaba y los patos eran grandes dosis de refresco para las neuronas cansadas del hoy en día. La serie tardaba unos 10 minutos, eran unas series de 3 o 4 olas, tan puntuales que entendíamos perfectamente, tal ordenación en la marejada, la primera de ellas se levanta en un silencio húmedo y cuando el labio caía y pegaba con el agua estallaba una explosión de sonido blanco, realmente estruendoso. Bello.

Los grandes tubos se sucedían continuamente y afortunadamente ninguno de los que estabamos allí tuvimos que saborear ningún mal trago ni caída importante, ya solo pensar en las consecuencias de una mala caída en esos tubos nos ponía los pelos de punta. No tardaron, sin embargo, en aparecer las primeras tablas rotas... si el labio apuntaba hacia tu tabla era mejor despedirte de ella mientras aún pudieras reconocerla. Y por esta razón y el cansancio de otros, los demás fueron saliendo del agua hasta quedarme solo con un agradecido público en lo alto de las dunas... era todo un placer surfear para ellos, mis amigos, espectadores y sabedores de un sueño compartido, parecía que me agradecían cada movimiento... me silbaban cuando veían la serie y al final de cada ola les saludaba y ellos aplaudían cuando veían algo bonito o una de mis posturas a lo Fitzgerald o algún intento de alguna maniobra que aunque fallida, su intención de realizarla en el momento adecuado, me merecían dicho aplauso… fue fantástico.

En fin, que dos horas y cuarto después de haber entrado se quedó tocado de viento. No me molestó en absoluto, fue como unas palabras amables por parte de la climatología para decirme que me fuese a descansar y es que el cansancio ya amenazaba en posibilidad de no dar mucho más de sí. Me dolían los hombros y las cervicales y me sentía un poco entumecido, pero muy relajado, así que decidí salir del agua. El resto del día las condiciones empeoraron notablemente pero aún tuvimos otro baño... eso si, en el tiempo de espera no nos faltó tema de conversación. A última hora, ya con todo recogido y listos para volver a casa, decidí dejar un montoncito de piedras, a modo de hito, en el lugar donde había meado por la mañana, aún estaba marcando el lugar, un pequeño cráter en la arena. De esta manera si me coincidía ver alguna otra vez un pico a esos 45º N, remaría sin duda hasta allí y daría las gracias, de alguna manera, aunque parezca una tontería… no lo diré a mis amigos. Entre yo y el mar.

Una bonita sesión.

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